Micro y Poema-Genios y dioses



Genios y Dioses-Micro y Poema


Todos sabemos que son muchos los que van de dioses y genios por la tierra, todos los días nos cruzamos con alguno que presume de serlo . Un trabajador se cruza con otro, de la misma empresa.
-¡Hola Enrique, qué tal! como va hoy el día.
-Como siempre, ¡súper bien!...todos los días pregunto a Aladino y me contesta lo mismo, que soy un genio ¿Cómo me va a ir mal?
-jajá...por eso te pregunto, porque hoy no he podido responderte.




El ello, el yo, y el superyó


El ello, el yo, y el superyó.
Empieza la discusión. 
Saltan los indios, los capitanes, 
los genios y algún que otro dios. 
Uno enseña dientes, 
el otro saca el dedo, 
y aquel su mala intención. 
Pero todos van de frente,
sacan sus cartas, 
menos ese que se cree un dios. 
Que es aquel que está callado, 
él que un as se guarda, 
 para mañana dar el bofetón.

Carmen Silza


Oreando rugosidades en su cuero


 En la hebra, saliendo de la nada,
abducido, el corazón vuela,
sobre la hilaza del viento,
que aspira abriolar,
por aires volatineros.
Para avivar su vela
sobre el pasatiempo.
Frente el mástil de su velero
que grita y rumorea
y en su rumor vuela.

En su rumbo enramada
en su paisaje que encela
bebiendo del pensamiento
sin pavor al frío polar
adherida en sus linderos.
Donde no hay escuela
solo el mágico momento
del tejedor linero,
sobre la bella tarea 
que en el corazón se cuela.

Con esos encuentros
con esa mano invisible
acariciando las penas
compartiendo alegrías,
 del encuentro con la hoz...
y de los besos de ellos.
Oreando rugosidades,
en su cuero

Carmen Silza

Micro y Poema-Los Humanos- La locura


Micro y Poema-Los Humanos- La locura

Dejó la juventud para incorporarse al mundo de los adultos, y quiso volver horrorizada a su estado anterior.
-¡Qué horror!... Le decían que era una inconsciente, que no sentaba cabeza que no tenía piedad, que era una embustera y que estaba loca de atar. Pero ella nunca se sintió así. Y sin remedio, tuvo que formar parte  del estercolero.


Dejó la Locura

Dejó la locura 
porque su cuerpo le pedía ser adulta, 
seria y cuerda. 
Y sintió los helores que queman, 
y el acre que a la lengua  se pega. 
Ella quisiera volver a esa locura 
para retozar en la yerba 
para sentirse como la flor 
 pura y fresca.
Para entrar a las nubes
como cuando le abrían la puerta,
y le dejaban soñar
con la Luna llena,
sin lobos que atar,
ni brujas ni hienas.
Dejó la locura a su pesar
y ahora ser sirena le cuesta,
para poder entrar en el mar,
y sentir que en él se refleja.
Entrar a ese, su jardín
donde sobra Adán y Eva,
para sentir el perfume,
hoy de azahares
mañana de rosas 
y pasado de violetas.
Alocada y plena.


Carmen Silza


Factoría Poética